Chicos típicamente americanos de Brendan Kiely, Jason Reynolds

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Rashad hoy también está ausente.

Eso reza el graffiti con el que empezó todo.

No, no exactamente. Todo comenzó con una señora tropezándose con Rashad en una tienda y con un paquete de papas fritas cayéndose al suelo. Todo lo que Rashad dijo después, no tuvo importancia. No impidió que la policía lo golpeara. Una y otra, y otra vez. Con violencia contra el pavimento. Porque parecía que estaba robando. Porque su piel era oscura. Porque sus ropas eran holgadas. Porque tenía que estar robando.

Entonces Rashad comenzó a ausentarse por estar atrapado en un cuarto de hospital.

Así empezó todo.

Y así lo vio Quinn.

Así vio como el hermano mayor de su mejor amigo golpeaba hasta casi matar a uno de sus compañeros de colegio, y comprendió que no podía quedarse callado, porque el futuro estaba en juego, un futuro sin nadie más ausente por racismo y brutalidad policiaca. Un futuro en el que cada uno debe luchar por cambiar el mundo.

Y así será como todo termine.

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